Joy Robota o las complejidades de abordar tantos temas

Por Guillermo Bejarano Becerril

¿Cómo sería la vida de una niña de siete años, que cursa el segundo grado de primaria, si su mamá se va de viaje de trabajo mientras que su papá trata de ser responsable? Joy Robota, ópera prima de Laura Baneco, aborda, trabaja y trata de dar una respuesta a esta interrogante como a otras muchas más, por ejemplo: ¿Los niños son crueles?, ¿Hasta donde está permitido imaginar?, ¿El padre depende de la madre? O ¿Por qué es tan difícil que este se acople a la rutina y las labores que ella hace día a día? ¿Por qué a los adultos les cuesta ser sinceros con sus hijos cuando ellos mismos no lo son? Esto y más sucede en Joy Robota.

A través de sesenta minutos y con las actuaciones de Ana Escalante (Joy), Daniel Ortiz (Rodrigo, amigo de Joy), Ricardo Rodríguez (Julian, papá de Joy), Anick Pérez (Elisa, mamá de Joy —voz de Alexa y personajes varios—) se cuenta cómo es la relación entre Joy y su padre Julián, ahora que Elisa —mamá de Joy— se va a trabajar a Alemania durante seis meses. Por tal motivo, Julián queda al cuidado de Joy, pero sin saber nada sobre su hija, pues no conoce su horario y rutina; su comida favorita; si ya le dio varicela; cómo hacerle entender, a su hija, que no es un robot; a qué se dedica o cuál es el problema que lo obliga a dormir todas las tardes y no, porque sea un mal padre, pueda estar tan al pendiente de ella.

Algo a destacar tanto de la obra como de la compañía teatral “Los bocanegra” es su trabajo en conjunto. Las actuaciones de cada integrante se compaginan tan bien porque han estudiado a sus personajes y son coherentes con la realidad, ya que aun en pleno siglo XXI, la figura del padre ausente o de un padre que no conecta con sus hijos o que se desatiende de la familia por su trabajo, diversión u otras excusas sigue vigente.

El diseño musical y sonoro es de David Almaga, quien no sólo ambienta las escenas, sino también participa, en ocasiones, en la obra porque se le incluye, se le regaña y se le invoca. Si bien Almaga no da una respuesta con su voz, sí la da con su guitarra eléctrica en vivo. No obstante, es necesario resaltar las participaciones de Daniel Ortiz, quien interpreta a Rodrigo, al profesor de Educación física, al abuelo de Joy y a otros personajes, y además, él es quien interactúa con el público. Por momentos, los espectadores responden o aparecen sin que se les invite, pero el actor es capaz y consciente de ello manteniendo todo bajo control para así continuar con la progresión de las escenas y de la historia.

Asimismo, Estefanía Loaiza cambia, intercambia y mueve las imágenes —figuras de cartón elaboradas por Anick Pérez y Laura Baneco—, que se proyectan en una pantalla al fondo y hacen que la escenografía sea dinámica porque, de un momento a otro, es posible ver la sala familiar, el tránsito y movimiento de la ciudad, un salón de clases, el patio y más lugares; así mismo proporciona material extra (utilería) como una rebanada de pizza o una corona.

Sin embargo, algo que confunde un poco, a no ser que ese sea el objetivo, es la iluminación de Sergio López Vigueras, ya que no se marca el cambio de escenas a través de la luz, sino que se hace con la pantalla donde se proyectan las imágenes, pero, si uno no las nota o no las considera, pareciera que los elementos de utilería o los personajes entran sin que se advierta y todo sea espontáneo. Aunque, un momento clave para comprender que algo terrible pasará es cuando las luces se tornan rojas y parpadean; advierten un cambio de ritmo y una transformación, pues la luz ya no es clara, constante, ni lineal, sino todo lo contrario, los tonos rojos y la oscuridad son señales de alarma, emergencia y preocupación.

Como propuesta teatral y artística, Joy Robota se une a la lista de obras que visibilizan la figura del padre, no como uno ausente, sino como el padre que debe de ser responsable y por fin cumplir con su rol, más que el del proveedor. Una muestra de lo anterior es la novela juvenil Frecuencia Júpiter (2013) de Martha Riva Palacio, donde el padre es responsable de su hija luego de que su madre los abandona.

Joy Robota se exhibirá hasta el 22 de septiembre —excepto el 15 de septiembre— en la Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque (CCB), Paseo de la Reforma y Campo Marte s/n. Funciones sábado y domingo a las 13:00 hrs.

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GUILLERMO BEJARANO BECERRIL (Ciudad de México, 1998) poeta y estudioso de la literatura

mexicana. Estudió la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Ha colaborado en los proyectos Soga viviente y Vida y obra de José Juan Tablada. Ha publicado en las revistas: Revista Zur; Pérgola de humo; Punto en línea, Casa del tiempo y Pirandante. Revista de Lengua y Literatura Hispanoamericana.