La exequia de doña Pompa: traer a los muertos a la vida

Por Viridiana Nárud

 

Traer a los muertos a la vida, hablar con ellos y solucionar los problemas es un deseo que a muchos mueve. Este es el deseo de Doña Pompa, traer a su difunto esposo para hablar con él a través de una exequia (ceremonia fúnebre). La dirección de Isael Almanza nos muestra un triller con tintes de humor. La música que pone al inicio nos recuerda a la utilizada en la película del Bebé de Rosemary, un acierto para la creación de la atmósfera.

La actuación de Erandeni Durango se muestra exagerada y el llanto forzado si sumamos a esto que el inicio de la obra es un tanto explicativo y uno puede llegar a perderse. Empero, la cosa da un giro bastante interesante al aparecer en escena el actor Miguel Narro, quien no sólo comprende el texto sino también lo habita, llevando de la mano a su compañera a un lugar en donde la ficción logra un acto de veracidad.

La dramaturgia de Alan Escalona es interesante, genera momentos de reflexión que apuntan a una poética que no logra del todo salir, sin embargo, hay atisbos de lo que su voz puede ser en un futuro. La obra mantiene al público atento a pesar del calor de la sala; las risas y el asombro caen en el momento que deben caer.

La exequia de doña Pompa es una obra que divierte e intriga. Muchos, en el transcurso de nuestra vida, hemos querido hablar con nuestros “difuntos” exes para rendir cuentas y entender el vacío que nos han dejado. Los viejos amores toman formas de fantasmas y Doña Pompa nos libera de esa angustia de no haber dicho lo que se tenía que decir. Si quieres ir al teatro y no arrepentirte, esta obra es una gran opción.